|
Escribiré algo más personal esta vez. Ayer fue Navidad y percibí la simultaneidad de su semántica por momentos cortos y largos. Cada 24 de diciembre vamos a cenar con mis abuelos maternos y antes de la cena vamos a misa. También casi cada año el párroco nos acompaña a comer. Este año debió irse pronto para imponer los santos óleos a una mujer enferma. Ayer mismo un matrimonio esperaba a sus hijos para cenar a la una de la mañana, vecinos de mis abuelitos. Cuando marchamos los hijos todavía no llegaban, estaban afuera esperando... Me sentiría extraño si tuviera que dar gracias porque a mí no me pasaron cosas tristes o angustiosas en esta Navidad. Haría una separación entre la gente que me rodea y los demás. No quiero hacer eso. Sé que puedo hacer algunas cosas o muchas para que las personas que no tienen una Navidad cálida y dichosa puedan pasarla mejor. No quiero decir que yo esté en una posición de confort o alegría eterna, pero si comparto mi tiempo, las pocas cosas materiales, mi simple presencia o lo que soy, es dar ya lo necesario y justo. Básicamente eso hacemos con nuestras familias o amigos cada año que nos congregamos, pero a veces podría parecer que hacemos círculos herméticos. Otras personas no festejan nada, sino en otras ocasiones. Aunque, ahora debo irme, después escribiré más sobre esta reflexiva Navidad. Un abrazo.
|