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Palpar arrobas es tarea inmensa. Discusión frígida. Diálogo sin mal aliento, sin un qué-me-lo-repites, sin brazos/ojos/mueve/bocas. Mirar un ojo cuadrado grande mediano chico, me deja ciegas las centellas. Los locutorios maltrechos: ola bonita venezolana... hOla pablo de españa... se ha conectado un simio a la sala... Y tú, sentada frente a los tragaluces infinitos. Y yo, miro distante. Absorto en cavilaciones de estilo click, clack, ENTER. Y que la gente se ame a través de las cuerdas electrificadas. Que los poros de la piel se cierren por ausencias fletadas. Que un falso contacto inunde las casas y las manos inchadas, baldías de todo peso morado. Y siempre hay sitio en esta nadería y siempre hay rondas andando.
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