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12:16 p.m. - 2004-02-15
Este lugar que está en tu propia habitación (Dogville)
DOGVILLE
Lars von Trier.

El pistoletazo de salida en esta Sección Oficial corrió a cargo de la última obra maestra de Lars von Trier. Dogville, la primera entrega de lo que se va a conocer como una trilogía americana, fue la elegida para la gala de inauguración del Festival y se presentaba por primera vez en España, aunque fuera de concurso.

La nueva película del director danés convenció a un buen número de asistentes merced a su inteligente propuesta. La historia narrada a través de un prólogo y nueve capítulos es sencilla y efectiva: Grace (Nicole Kidman) es una fugitiva que llega a un remoto y apacible pueblo de las Montañas Rocosas estadounidenses en pleno crack del 29. En Dogville deberá ganarse la confianza de unos vecinos que poco a poco van escondiendo sus reticencias y la van aceptando. La situación cambia a medida que la presión de la Policía se intensifica y se percatan de que Grace es una persona vulnerable. A partir de ese momento, esas relaciones que iban a las mil maravillas se volverán cada vez más difíciles y amargas.

La narración se va desarrollando con pulso firme y preciso gracias a una acertada voz en off, y a las abundantes situaciones que van sucediéndose a lo largo de sus 178 minutos de metraje. Podría dar la impresión de que estuviéramos ante una película pesada, pero no es el caso ya que posee un ritmo narrativo magnífico.

Dogville es un ejercicio emotivo y complejo, una de esas obras que no sólo ansían llegar al corazón y dejar su huella, sino también pretenden que el intelecto se ocupe de ellas. Estamos ante una especie de parábola sobre el bien y el mal, una dualidad que enfrenta el alma de todo ser racional. En definitiva, una lúcida reflexión sobre la condición humana. Otra idea presente es el debate sobre la existencia de valores como la justicia y la bondad, cada vez más difíciles de encontrar hoy en día. La experiencia, por desgracia, te demuestra que normalmente cuando ofreces a los demás ayuda de forma desinteresada y reiterada no te toman en serio o, a veces, incluso una actitud semejante puede hasta resultar peligrosa.

El cineasta ya esboza y perfila con maestría el tema de la generosidad y el sacrificio en Rompiendo Las Olas con el personaje de Bess, y en Bailar En La Oscuridad con su protagonista Selma, aunque en ambas se sirve de una trama y unos matices bien diferentes. De todas maneras mientras que Bess y Selma tienen como denominador común su condición de heroínas, de penitentes contemporáneas, Grace, en cambio, es un personaje mucho más anguloso, más humano, y, por lo tanto, es capaz de albergar no sólo una bondad inherente, sino también ese terrible sentimiento de venganza que alimenta una sociedad putrefacta.

Es bien sabido que el autor de Los Idiotas no escogería Los Estados Unidos como país de residencia, ni tampoco como lugar de trabajo o de desarrollo intelectual. En Dogville lanza un ataque despiadado contra la doble moral de cualquier sistema social desarrollado, ya sea el americano o el europeo. El hecho de que su último largometraje esté ambientado en lo que se supone que es un precioso pueblo rodeado de gigantescas montañas no deja de ser significativo. Es posible que mucha gente piense que lleva a cabo una crítica contra la América Profunda, una opinión que respeto aunque estimo desacertada. El poblado que imagina el guionista y director nórdico puede ubicarse en cualquier rincón del planeta, pero si lo sitúa en el país más poderoso del mundo es porque aunque sea una villa pequeña sus habitantes no dejan de tener un enorme poder sobre la vida de Grace. Todos sabemos una gran verdad: el mal uso del poder se incardina en cuestión de segundos hacia la arbitrariedad y la injusticia. Este fantasmagórico lugar no goza de una clara dicotomía entre ricos y pobres, pero sí que la tiene entre poderosos y oprimidos, siendo en algunos momentos la principal víctima Grace.

Otro dato a tener en cuenta es el profundo simbolismo que se manifiesta tanto en la forma como en el contenido. La única propiedad de la Kidman son unas figuritas de porcelana que acabarán estallando en mil pedazos ante la ira furibunda de una de las “fuerzas intelectuales” del pueblo. Extrañas ironías en el destino de un ángel ejecutor. Por otra parte, la utilización de la luz (simbólica igualmente) es un aspecto técnico destacado, no sólo la que ilumina todo el decorado, sino también la que se utiliza parcialmente.

Desde el punto de vista visual contamos con novedades muy llamativas. El marcado carácter teatral influido, según ha comentado el propio realizador, por las obras de Bertold Brecht y los montajes independientes de ciertas compañías de la década de los setenta otorga un aire de proximidad e inserta a los espectadores en la historia de forma brillante. La insólita ambientación compuesta por un enorme decorado de suelo negro en cuya superficie hay unas rayas pintadas de blanco que marcan las calles y las viviendas, sin haber apenas una pared o un tabique; además otros elementos ornamentales o no que son representativos como el banco solitario, la sólida mesa de escritorio o el omnipresente escaparate. Todos ellos configuran ese ambiente tan especial.

Creo que es una hazaña (que demuestra el excelente director de actores que es Lars von Trier) el hecho de conseguir que veamos en un plano general, por ejemplo, una conversación entre dos intérpretes y, al mismo tiempo, percibamos al resto de personajes o a una parte de ellos en sus respectivos hogares realizando sus tareas. Al existir únicamente un gran decorado logra que centremos toda nuestra atención en las interpretaciones y también intenta que nuestra imaginación no se relaje.

La estética de la obra es muy especial. Lejos de una búsqueda de la belleza y complejidad visual que dejaran entrever sus primeros largos, aquí se mueve entre cánones mucho más austeros, eso sí, tampoco descuida la técnica, la cual conoce a la perfección. La cámara en ocasiones vuela y desde allí proyecta amplios picados. En otros momentos baja a la tierra combinando planos generales, medios planos y se aproxima y se recrea mediante una abundante utilización de la steady-cam. En los instantes más intensos contamos con primeros planos cargados de fuerza y vivacidad. La propuesta Dogma y sus radicalismos formales está cada vez más distante de su último cine, aunque debemos decir, pese a todo, que Dogville está más próximo a ellos que a un producto de factura convencional.

Este incisivo y, a ratos, irónico relato necesitaba para llegar a buen puerto un reparto consistente, el cual está capitaneado por Nicole Kidman. La bellísima actriz australiana realiza, con seguridad, el mejor trabajo de su carrera en su carismática interpretación de la delicada y, al mismo tiempo, enérgica Grace. También destacados los personajes de Lauren Bacall y su imponente presencia, el poderoso James Caan y, por último, Ben Gazzara en su papel de invidente. Una vez más debo insistir en la teatralidad de todas las representaciones al moverse, abrir, cerrar o llamar a las “puertas”, girar sus “pomos”...

Lars von Trier ha vuelto a sorprender a casi todos con esta estremecedora y singular joya. Gustarán más o menos sus películas, se le prestará quizá una mayor atención mediática que a otros realizadores también talentosos, caerá mejor o peor su persona... pero creo que debemos ser objetivos y no negar una evidencia: su cine tiene muchísimos seguidores y la mayoría es un público cinéfilo y exigente. Un triunfo al alcance de pocos directores de su generación. J. Borja Sánchez Mayoral

Tomado de Semana internacional de cine de Valladolid

 

 

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