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Con la preocupación de no quebrar la solidaridad de la memoria y de la imaginación... Entonces este diario es algo así como: ven te invito a mi casa, a mi habitación, a instalar en este espacio cerrado ventanas y puertas, te presto las llaves de las puertas, como si los cajones de mi mente tuvieran puentes o fueran de cristal transparente. Supongamos. O quizás sólo deje las puertas abiertas a mis ensueños. Tendrás que salir de tu casa o habitación y venir. Quizás encuentres objetos, fotos, imágenes, que también encuentras en tu habitación. Con seguridad sé que tengo objetos que he buscado en los rincones de mi habitación, entes que de vez en cuando aparecen pero como una sombra instantanea vuelven a desaparecer. ¡El tiempo no anima ya a la memoria...! Leyendo para que lo leas:La poética del espacio, de Gaston Bachelard. FCE. Etc.
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