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Hay muchas cosas pesadas para el espíritu, para el espíritu fuerte y sólido, pleno de respeto. La fuerza de ese espíritu reclama cosas pesadas, las más pesadas. ¿Qué es pesado? - pregunta el espíritu sólido - y se arrodilla como el camello y quiere que se lo cargue bien. ¿No es rebajarnos para que padezca nuestro orgullo? ¿No es dejar que brille nuestra locura para mofarnos de nuestra sensatez? ¿O es estar enfermo y despedir a los que nos consuelan y entablar amistad con sordos que jamás oyen lo que deseamos? Así hablaba Zaratustra. F. Nietzsche.
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