|
Mi manera de ayudarte es permitiéndote que me pienses, y que me permitas pensarte, mis sueños son muy simples parecidos al de un niño que juega con una caja, pero esa caja es su tesoro más grande lleno de joyas multicolores al igual que el arcoiris que antes vivía en la tierra pero un día cualquiera aprendió a volar, cada color de su espalda representa la esperanza íntima mezcla de probabilidad Mi mejor manera de arrullarte es dejando que duermas tranquila, como si ninguna preocupación existiera en casa como si el mayor problema del mundo fuera saber decidir qué color combina con el hambre, como si cada niño en el mundo tuviera lista la cena para esta noche y nosotros fuéramos sus padres Quizás algún día aprenda a amar el jazz, tal vez aprenda también a deslizarme entre la tela del piano, sobre un océano de certidumbre sobre el sonido de la ternura que emana una guitarra y una voz que aspira y sueña poesía hecha por los hombres ni muy perfecta ni muy plana Por el momento, solo quiero ser el pintor que no sabe guardar secretos y pinta el mundo lentamente con premeditación dibuja en óleo la verdadera esencia del espíritu y dibuja con tinta de crema solar, separada solamente por un gato, nuestro mejor amigo, aquel que lleva nuestra correspondencia, adornada con figuritas azules, matices Pues, mi más sencillo modo de ayudarte es silbando cosas pasajeras, convirtiendo en magia cada una de las sílabas que rodean al poema, cada una de las caras de este cuadro, mi primer acto es convertir un párrafo en un tren, el segundo acto es imaginar que el tren llega contigo inundado de regalos amables, cada coma es una piña, cada acento es una sandía, verde es la mirada que me encandila, pero todavía falta el tercer acto, quizás rojo, quizás canto, tal vez algún día probaremos su sabor, mientras tanto yo te ayudo, y tú me ayudas, permitiéndote que me pienses, permitiéndome pensarte.
|