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Mi vida al borde de otra cocina, con otros platos y otras manos que llaman al fuego de avispas, sin ningún jarrón que la dilate. No todas las cocinas pretenden estufas, o alarmas de fiesta cumpleaños, no todas las amas de llaves procrean vidas con andaderas de no te acerques. Entonces no me acerco. Tan sólo próximo. Tan sólo próximo. Otra cocina fue la madre de las comidas, de los sitios de costumbre ahumada. Mi asiento se cuece del lado de las verduras saladas, sin reposo ni fatiga. Aderezadas en el punto exacto de la cocción, de la mezcla que ensalsa el conflicto del apetito. Mientras tú, preparas la mesa con la mayor castidad del hambriento, con la más profunda convicción desnuda y carcomida. En tus manos soy capaz de acertar en la oración del que encuentra pan y desaparece, del que encuentra pan y desaparece, del que encuentra pan y desaparece.
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