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Mientras las palabras escritas no me hablen, no significan nada para mí. Porque hay poemas que ya no significan, ni canciones, ni libros, ni objetos pop, se quedan en la ligera tela de la superficie alta. ¿Qué el mundo ha cambiado después de las guerras, las dos primeras y las consecuentes? Sí. Pero aquí es México y las cosas, a pesar de la infraestructura, aún tienen un aire de integridad. Aún si hay particulares que se derriten en ellos mismos. Una mente cerrada, es a través del laberinto, una mente triste. O una máscara feliz con inoportunos rasgos grises debajo de ella. Eliminar cargas inecesarias de nuestra prestadas maletas, para hacer el viaje más ligero pero no menos comunitario.

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