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A lo sumo un viajero que despide entre su índice y el dedo pulgar el avión que derrocha nubes. Y la fraternidad empaña labores en los mantelitos desfundados, que son como una palmada en la espalda del que camina, con sus poderes une las sábanas de rieles. Alegre, demasiado alegre nos pregunta si es el afecto o el cariño, en todo caso, el arma secreta con que los dioses dibujaron su tragedia: cae el báculo a las manos de un niño y éste, apunta al cielo, admirado.
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