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No voy a dormir hasta terminar de leer Rayuela. Es que no puedo aguantarme las ganas ni puedo dejar pasar un día más sin saber qué le depara a Horacio Oliveira. Su nostalgia por la Maga es tan cercana, tan atemporal y afín... al igual que el juego y las reglas de jugar. No quería dejar pasar más días sin pasar por aquí, aunque me huele a que ya no pasaré tan seguido. Hace unas semanas le escribí un email a Carmen. La verdad no sé muy bien por qué, posiblemente porque realmente a quien quería escribirle era a Colette. Pero no hay razón para escribirle, quiero decir, que no hay más que las ganas. Además, no se puede sustituir el deseo de una cosa con otra cosa externa. Como los padres que castigan a sus hijos con castigos sin relación alguna con la acción a corregir. En este sentido me pienso que la poesía o el arte están ligados con la realidad, uno escribe sobre algo que ya no es lo que era, ni está necesariamente ligado al objeto en sí. La virtualidad de venir a contar cosas.
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